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Sobre la enseñanza y aprendizaje del vocabulario (III)

La importancia del lenguaje oral al que están expuestos los alumnos para el aprendizaje del vocabulario

En el post anterior habíamos señalado que  existen dos modos de aprender el vocabulario: el aprendizaje incidental  (por medio del lenguaje oral y escrito al que estamos expuestos) y el aprendizaje sistemático (a través de la enseñanza intencionada de un vocabulario previamente seleccionado). También afirmamos en él que ambos planteamientos son compatibles y deben ser complementarios.

En este post, intentaremos responder a esta pregunta: ¿Qué puede hacerse en el ámbito del aula para que el lenguaje oral que se produce en ella tenga la calidad suficiente para influir positivamente en el aprendizaje del vocabulario de los alumnos?

Antes de responder a esta pregunta, conviene que reflexionemos sobre la diferencia entre vocabulario oral y vocabulario escrito. Tener presente esa diferencia nos ayudará a plantear de manera reflexiva y consciente las dos vías disponibles (el lenguaje oral y el lenguaje escrito) en la enseñanza del vocabulario.

Se ha pensado que las dos vías de exposición al lenguaje (oral y escrita) son equivalentes en el aprendizaje del vocabulario. En cambio, un importante cuerpo de investigación sobre las frecuencias de los vocablos en ambos tipos de lenguaje, oral y escrito, ha permitido conocer  la desigual densidad léxica de ambos, a favor de la modalidad escrita (Cunningham, 2005). En una investigación de 1988, Hayes y Ahrens  analizaron la distribución estadística de vocablos en diferentes medios de expresión escrita (artículos científicos, periódicos, revistas, libros preescolares e infantiles) y oral (transcripciones de programas infantiles y de adultos de TV, conversaciones diversas). Los vocablos utilizados en estos textos fueron ordenados según la frecuencia con que aparecieron en los diversos contextos estudiados. Lo que descubrieron es que en los textos orales siempre había menos vocablos infrecuentes (“raros”) que en los escritos. Incluso en los libros infantiles, aparecían muchos más  vocablos poco usuales (“raros”) que en cualquier programa de televisión. Las necesidades del hablante son diferentes de las del escritor. El hablante debe recuperar inmediatamente los vocablos que necesita para expresarse si quiere mantener una conversación fluida. El escritor, en cambio, dispone de todo el tiempo deseado para construir su mensaje escrito. Esta es la razón por la que la expresión oral se construye con un vocabulario muy usual, y la expresión escrita, con vocablos  menos frecuentes. Por otra parte, los elementos comunicativos complementarios de que dispone el lenguaje oral (expresión facial, lenguaje corporal, postura, gestos) hacen menos exigente la utilización de otros vocablos menos usuales que son imprescindibles en la comunicación escrita para que el lector comprenda cabalmente el mensaje que se le dirige.

Ahora podríamos preguntarnos: ¿Cómo es el lenguaje oral que tiene lugar en el aula? ¿Cuida la inclusión sistemática de un vocabulario rico y preciso? ¿Intenta mejorar, cuando proceda, las limitaciones expresivas de los alumnos utilizando la vía oral del aprendizaje del vocabulario? ¿Existen algunas orientaciones útiles para plantear y desarrollar la vía oral de acceso al aprendizaje del vocabulario? Sí. Las ofrecemos a continuación.

En la mejora del vocabulario  a través de la escucha, el profesor  tiene una herramienta poderosa: el vocabulario que usa en clase (Graves, 2009). En cualquier nivel educativo, es de gran valor hacer un deliberado esfuerzo para incluir palabras nuevas y retadoras (ricas y cultas) en los intercambios con los alumnos.

Una fuente importante para crear un ambiente verbal rico en vocablos es el propio lenguaje del profesor (Beck, McKeown y Kucan, 2002). El profesor debe estar alerta a las oportunidades que le permitan  usar vocablos de calidad en las situaciones comunicativas cotidianas. La clase debe ser  el ambiente verbal en el que los alumnos se encuentren cada día con un lenguaje de calidad. Los profesores, con su uso cualificado del lenguaje oral, deben perseguir que sus alumnos se acostumbren a escuchar palabras que no conocen, palabras que están más allá de su conocimiento habitual. Para ello, los profesores deben ser sensibles a los vocablos de calidad y compartir este interés con sus alumnos. Para que esto ocurra, el profesor debe estar alerta a los vocablos que escucha fuera de la escuela (en los diferentes medios de comunicación) relacionados con acontecimientos de la comunidad, la ciudad… En su práctico libro Bringing Words to Life, Beck, McKeown y Kucan  aportan ideas muy útiles, algunas de las cuales exponemos:

-          Utilizar el bulletin board (tablón de anuncios de la clase) para ir escribiendo esos vocablos de calidad que usa estratégicamente el profesor.

-          Tener una clase “llena de vocablos”. Esto significa hacer un uso frecuente de las palabras que han sido ofrecidas, enseñadas y aprovechar todas las oportunidades para añadir palabras al ambiente de los estudiantes, “regar la clase con nuevas palabras”.

-          Hay que conseguir que los alumnos estén siempre alerta a las palabras y al uso de las mismas.

-          Un buen comienzo para crear un rico ambiente verbal es llamar la atención de los alumnos (hacerlos conscientes) sobre la importancia de las palabras. Un modo de estimular esta atención es influir en ellos para que se den cuenta del uso fuera de la clase de esos vocablos que estudian dentro de ella. Un ejemplo de esta actividad es lo que estas autoras llaman La carta o gráfico del mago de las palabras (Word Wizard chart), en la que se registran y premian  las palabras estudiadas en clase que cada alumno ha sido capaz de detectar fuera de ella (en televisión, periódicos, revistas, en la radio, en la calle o en la familia).

-          Invitar al alumnado a que en sus exposiciones y discusiones utilice estos vocablos.

-          Otro recurso útil: los alumnos proponen vocablos nuevos escuchados fuera de la clase como candidatos para extender el vocabulario; los depositan en una Caja de Sugerencias (Sugestion Box) que el profesor abre periódicamente  y todos deciden su incorporación al programa de vocabulario.

Existen otras actividades que el lector puede inventar para estimular la conciencia de las palabras poco familiares, y más ricas y precisas, que han de ser introducidas por el profesorado en el marco del lenguaje oral del que es el principal protagonista. En todo caso, una referencia obligada es la utilización de vocablos que se usan frecuentemente por parte de hablantes maduros en distintos contextos. De ello hablaremos en el próximo post.

BIBLIOGRAFÍA

Beck., I.L., McKeown, M.G. y Kucan, L. (2002) Bringing Words to Life. Robust Vocabulary Instruction. The Guilford Press. New York/London.

Cunningham, A. E. (2005). Vocabulary Growth through Independent Reading and Reading Aloud to Children. En Hiebert, E.H. y Kamil, M.L., eds. (2005). Teaching and Learning Vocabulary. Bringing Research to Practice. Lawrence Erlbaum Associates.

Graves, M.F. (2009) Teaching Individual Words. Teachers College Press and International Reading Association.

Hayes, D.P. y Ahrens, M. (1988) Vocabulary simplification for children: A special case of “motherese”? Journal of Child Language, 15, 395-410.

 Jesús Pérez González

 

 

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